miércoles, 29 de junio de 2016

La oscura tiranía de Julieta Castellanos


Sus vínculos con los grupos de poder revelan quien realmente mantiene controlada a la UNAH.
Sus declaraciones producen el escozor mundial, cuando la rectora de la UNAH, afirma que no le interesa que los universitarios vayan a la cárcel y eche la suerte de los estudiantes, a las fuerzas militares de Honduras. 

Escrito por: Ronnie Huet S.
Periodista y activista de DDHH

California, 29 de junio de 2016. En Honduras nace un nuevo epicentro de rebeldía popular.

El escenario de este movimiento social, es la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), en donde convergen 90 mil estudiantes.

La instalación de una mesa de diálogo, con las autoridades de la UNAH, es una de las exigencias de los universitarios, pero no tienen respuesta ante su petición.

Al contrario, la rectora de la Máxima Casa de Estudios, ha dejado a un lado su ropaje de académica para poner en práctica un modelo de militarización dentro de la UNAH.

Julieta Castellanos, junto con las autoridades de la UNAH y sus más cercanos colaboradores y otrora “izquierdistas” Leticia Salomón, Víctor Meza y su reportero de planta, Manuel Torres, han sincronizado su seudo intelectualidad, para reprimir, criminalizar y un fuerte intento de encarcelar a los estudiantes.

Todo un manual de tortura que concierne a la doctrina de seguridad del Triangulo Norte, (Guatemala, El Salvador, Honduras), proveniente desde Washington D.C.  

Como si se tratase de un centro penitenciario, los estudiantes tienen acusaciones judiciales, y se les ha criminalizado.

Otra forma de respuesta tiránica, es que cerca de 40 mil estudiantes de al menos 18 carreras de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH) perderían la posibilidad de cursar el tercer período académico en la modalidad intensiva si no reanudan las actividades este miércoles.

Así lo confirmó la vicerrectora de Asuntos Académicos de la máxima casa de estudios, Rutilia Calderón, quien advirtió que “de no reiniciar clases tampoco tendrían posibilidad de un período intensivo de nueve semanas”.

Acontecimientos jamás vividos en la historia de la UNAH, y que ya se están conociendo como la era del oscurantismo de Julieta Castellanos quien se ha convertido en la primera rectora en la historia de la universidad que camina con un sequito de guardaespaldas.

Los estudiantes aglutinados en el Movimiento Estudiantil Universitario, (MEU) exigen la desmilitarización de la UNAH, tener representación y participación estudiantil ante las autoridades universitarias, la derogación de las normas académicas y recibir una calidad en la educación, que sea participe, incluyente, con una fuerte dosis de investigación científica que genere aportes al desarrollo del país.

Ante estas exigencias del MEU, los estudiantes han decidido mantener una toma pacífica de todas las facultades académicas de la UNAH, hasta obtener una respuesta de las autoridades, sin embargo Julieta Castellanos, como si fuera asesorada por la más recalcitrante milicia, ha desistido al dialogo con los estudiantes.

Al contrario, ha amenazado con desalojar a los universitarios, solicitando la intervención del Estado de Honduras, es decir que a través de la Policía Militar, y las demás fuerzas de seguridad del Estado desalojen a los estudiantes. Circunstancia  que viola  la autonomía de la UNAH.

De llegarse a concretar este acontecimiento, podría haber un derrame de sangre, puesto que  las tácticas que utilizan los elementos policiales y militares se resumen en represión y tortura.

Prueba de ello fue lo ocurrido el pasado 1 de junio de 2016 en donde un universitario resulto fracturado de su rostro, como resultado de una bomba lacrimógena que impacto su cara, según testigos del hecho.

Ese mismo día un guardia de seguridad de la UNAH, saco su arma de fuego, haciendo varios disparos contra los universitarios que se encontraban protestando pacíficamente.

Este hecho puso en peligro la vida de los estudiantes y por ende marco un precedente internacional de violación de derechos humanos en la Universidad estatal de Honduras.

Por tal motivo, a través de este espacio internacional y como periodista independiente e internacionalista, hago un llamado a los organismos internacionales de derechos humanos, responsables del respeto y la defensa de la vida, a que ubiquen su mirada en Honduras, puesto que los universitarios están en un estado de vulnerabilidad total.

Los universitarios del MEU, están exponiendo su vida, en una toma pacífica, en la UNAH, en donde se mantienen día y noche en espera de un dialogo de parte de las autoridades universitarias.

No obstante, las autoridades de la UNAH, han demostrado ser parte de la estructura dictatorial en que se encuentra sometida Honduras desde hace siete años.

Esta dictadura, es salpicada por la doctrina del Opus Dei, y todos los lineamientos de hierro, que implica el modelo neoliberal fascista que daña a las grandes mayorías.

Con el objetivo de evitar más el derramamiento de sangre que produce la guerra no declarada en Honduras, expongo el caso de los universitarios de la UNAH como un contexto sumamente delicado.

Y es que el uso de la protesta pacífica es un derecho universal que establece la Carta Universal de los Derechos Humanos, pero quizá esto ya no es válido en Honduras.

Cualquier atentado o amenaza para el autor de este artículo es responsabilidad de quienes representan y gobiernan el Estado de Honduras y sus invasores o los que menciono en el presente artículo.

El autor de este artículo es corresponsalía voluntaria de http://conexihon.hn la revista Caros Amigos editada en são Paulo, Brasil para Centroamérica, la organización Casa Mafalda São Paulo, Brasil , La Agencia informativa Latinoamericana Prensa Latina, Kaos en la red y El portal http://desacato.info y criterio.hn editado en Florianópolis, Brasil.


sábado, 18 de junio de 2016

Los caminos del cuarto mundo







Algunas personas como Andrés, tienen la oportunidad de recibir algún fondo gubernamental, pero la suerte de estos seres humanos indigentes en los Estados Unidos, la escribe la rudeza en que viven en las calles estadounidenses, en los caminos del cuarto mundo.


 Escrito y fotografía por: Ronnie Huete
Periodista y activista de DDHH

California, 18 de junio de 2016.  El cuarto mundo crece en la primera potencia del mundo.

California es un Estado del pacifico estadounidense, cuyo clima es envidiable para los ciudadanos de este país del norte de América.

Dentro de este clima espectacular, también conviven los indigentes del país más rico del mundo, los Estados Unidos.

Estos habitantes que viven en los alrededores de la calle de edificios estatales en el centro de la ciudad de Santa Ana, en California, viven a la intemperie bajo la mirada de los habitantes que allí transitan y son conocidos en los países desarrollados como habitantes del cuarto mundo.

Andrés es un joven con el que recientemente converse, junto con la productora de la radio www.lakonsetida973.com Blanca Ávila.

En un recorrido que efectuó está radio, se encontró con Andrés, un joven de 30 años, quien asegura haber nacido en la calle.

Jalando una carretilla de supermercado en donde carga algunas sabanas que ha recogido en sus recorridos por las calles, Andrés nos relata cómo es la vida en la calle en los Estados Unidos.

El Centro de Santa Ana, en California es una ciudad en donde converge la cultura estadounidense y latinoamericana, Andrés proviene de la cultura latina.

Con su cabeza rapada, con algunos moretones y sus brazos marcados por una llaga que el mismo se propicio, Andrés describe que no le importa nada, solo estar en la calle.

En la entrevista que realice con Andrés, su mirada nunca me miro fijamente, pero su llanto interno se hacía sentir como un grito de alcance del más alto dolor del ser humano, provocado por  la soledad y el desprecio.

Este habitante, aseguró que es un ciudadano estadounidense, que desde los 15 años comenzó a consumir drogas y alcohol.

Pare sentir la euforia de la droga, consume metanfetamina, la que consigue con el poco dinero que logra recaudar de las limosnas que le dan algunas peatones o transeúntes en la ciudad de Santa Ana, California.

Una cruz hecha con el fuego de un cigarrillo, es la marca del brazo derecho de Andrés, quien mencionó que se hizo esta marca con el objetivo de recordar su creencia religiosa, el cristianismo.

Muy poco converso de sus padres, pero sí manifestó que ellos son creyentes de un Dios.

Un Dios en que Andrés mantiene su esperanza de que en algún momento, cambie su forma de vida, la indigencia.

“el frio es escalofriante, en mi mente solo recorre el pensamiento; que pasara el frio pasara el frio, pasara el frio”…. Repite Andrés al preguntarle como hace para soportar las bajas temperaturas que provoca un desierto sobre el cual está construido la ciudad de Santa Ana.

Al consumir la anfetamina u otro tipo de droga, el joven indigente manifestó que le encanta el placer de la euforia que esta provoca, puesto que lo hace sentir feliz, por un breve instante, que puede terminar con su vida, ya que el uso de estos estimulantes, es mortal.

Andrés dice respetar la vida de los demás, siempre y cuando no interfieran en su tipo de vida, ya que para él, nada más importa que estar bien y deseó que los demás tengan muchas bendiciones de este poder superior, en el cual él deposita su fe.

Por 10 o 20 dólares, Andrés consigue obtener la droga del cristal o la anfetamina, la que intenta consumir a diario para aliviar su dolor espiritual.

“Yo estoy bien, no tengo planes, ni amigos” relato Andrés mientras encendía un cigarrillo con un tono de vos que figuraba la violencia de la que ha sido víctima.

Andrés nunca ha recibido la atención de algún especialista, religioso, o consejero, y solo desea que la gente sea feliz.

Cifras oficiales revelan que en California, recientemente el 20% de la población de Los Ángeles, algo más de dos millones de personas, se beneficiaba de algún tipo de subsidio y que en 2008 perdió 541.000 puestos de trabajo, confirmando una tasa de paro del 10%, dos puntos superior a la media nacional. 

Y es que la burbuja inflacionaria que dejo la crisis de 2008, aún se siente en las condiciones económicas de vida en los Estados Unidos, en donde la línea de la pobreza y la riqueza han logrado  disminuir la clase media.

Y es que los testimonios de algunos habitantes, mencionan que su salario de 10 dólares la hora, solo alcanza para pagar el alquiler de la casa que habitan y sufragar algunas necesidades básicas.

“El sueño americano” es una tangible pesadilla que emerge en las calles de sus principales ciudades, y los habitantes del cuarto mundo, cuya indigencia son el rostro de la secuela de la crisis inflacionaria de 2008.

Algunas personas como Andrés, tienen la oportunidad de recibir algún fondo gubernamental, pero la suerte de estos seres humanos indigentes en los Estados Unidos, la escribe la rudeza en que viven en las calles estadounidenses, en los caminos del cuarto mundo.



Las personas que no tienen donde vivir en la ciudad de Santa Ana, aguardan a que alguna institución u organización les proporcioné alimento el día a día.